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Yo estreno ¿Quién paga?

En el mundo de las hermandades las grandes obras patrimoniales se han llevado a cabo de dos maneras: o bien con la “manteca” por delante, algo que lo soluciona todo (se busca hasta debajo de las piedras, se engaña a uno o a veinte, se alquila o vende…) o bien  mediante la forma mas tradicional y popular, la que más desgasta por cierto, aunque también la que más une, “a pulmón”.  Sí, ese pulmón que es limpiar la chapa de la barra de Colombinas cien veces cada noche de primeros de agosto, alguna que otra cruz de mayo, veladas o mil eventos más que las hermandades se inventan en pro de sus proyectos.

De esta forma juntas de gobierno y muchos hermanos pierden noches y noches de sus vidas sin que a la hermandad le cueste un euro, solo tenga ingresos para una corona, para una túnica o para unos varales.

Y es aquí a donde llegamos. Las hermandades no son empresas dispuestas a firmar pólizas de crédito eternas o préstamos interminables. Un proyecto tiene que desarrollarse con el esfuerzo de la junta de gobierno. En otras palabras: “hay que doblar el lomo”. La principal financiación con la que se debe contar es esa, el esfuerzo y las ganas de trabajar. Y si hace falta inyecciones económicas externas que se limite a los cuatro años de mandato de esa junta de gobierno. Sí, cuatro (o 4, por si alguien lo entiende mejor así) y sin elucubraciones precedidas por la frase “nosotros vamos a estar ocho años”.

No hay que basar proyectos en hipotecar el futuro de hermandades, sobre todo si los proyectos no son urgentes. Y si son tan urgentes es la hermandad la que debe actuar y movilizarse.

Gracias a Dios, en las cofradías ha sobrevivido la democracia incluso en tiempos de dictadura y los cabildos de hermanos han frenado muchas de las locuras que han querido acometer juntas de gobiernos. Aunque también es verdad que algún hermano de alguna hermandad me puede decir que en su hermandad apenas se han convocado cabildos extraordinarios por un hecho significativo desde hace veinte años o más. Querido amigo o amiga, te entiendo, pero es que alguna junta de gobierno se cree que una hermandad es su rancho. Incluso algún exmiembro de junta de gobierno todavía se lo sigue creyendo.

Como les decía, los cabildos pueden parar estas locuras que en muchos casos vienen avaladas por asistentes eclesiásticos a los que parece importarles poco o nada el futuro de las hermandades que acogen en sus parroquias. De hecho hay juntas que independientemente de lo que planteen durante su mandato reciben los favores de su director espiritual (a menudo más terrenal que espiritual) y otras a las que se les niega “el pan y la sal” a pesar del esfuerzo realizado y las horas de trabajo.

Pero no nos engañemos, no hay que mirar sólo a la autoridad. En estas cuestiones como en otras facetas de la vida estamos en manos de los votantes. Frecuentemente hace más daño el que deja hacer que el que realmente hace, y esto vale para quien vota o para los que visten alzacuellos, aunque los usen con poca asiduidad.

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