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La Inmaculada Concepción volvió a encontrarse con los onubenses

Así salía la Inmaculada Concepción. Así se encontraba un año más con el onubenses en el día de su festividad, el día en el que la Pura y Limpia de todo pecado se hace presente en las calles del centro de la ciudad para llenarlo todo de su gracia, reflejada en los perfiles de su imponente figura y el aniñado rostro de la imagen de Mario Moya, que volvió a recorrer su itinerario habitual con la elegancia que caracteriza desde sus inicios a esta ya tradicional procesión. A las A las 5 de la tarde, las campanas de la concepción anunciaban a la ciudad que la patrona de su diócesis salía a la calle. En el interior del templo su Banda del Maestro Tejera iniciaba los primeros compases de su marcha, ya en la calle, tras el himno, la Inmaculada reviraba con Estrella Sublime…

A partir de aquí, la Inmaculada fue haciéndose dueña de la tarde, siendo el centro de las miradas y otorgando un carácter mágico a una de las jornadas de este largo Puente. El color de las flores de Antonio Rivera contrastaban con el ocre de su saya bordada y el azul brocado de su manto concepcionista. Los niños de los niños un día que fundaron esta Hermandad despertaban la sonrisa de los fieles. Sonrisas que se emocionaron con la visita a las Hermanitas de la Cruz, otro punto donde la Inmaculada alcanza la gloria y la luz de una noche que irradia su luz sobre los destellos de su corona. Así procesionó la Pura y Limpia, un procesión que vuelve a poner en el centro de una advocación 5 veces centenario en Huelva y que los onubenses saben cuidar y mimar, en uno de sus días más señalados.

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