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La Magna Rociera supuso una demostración de fe y amor a la Virgen del Rocío

Huelva y la Virgen del Rocío. Una unión sellada en siglos de amor a la Patrona de Almonte, que demostró en el magno encuentro rociero que en esta ciudad se le quiere de una forma única. Rocío de Amor y Caridad, el acontecimiento que unión el pasado viernes y sábado en la ciudad a todas las hermandades de la provincia e invitadas, quedará para siempre grabado en la retina del onubense.

Un Rocío en pleno mes de noviembre que comenzada desde San Sebastián, San Pedro, El Polvorín, la Milagrosa y la Merced, templos del que partieron los 30 simpecados entre repique de campanas y estampas para el recuerdo. En la catedral, se produjo el momento más esperado, el Simpecado de la Matriz pisaba por primera vez el suelo de la capital de la provincia escoltado por el amor rociero de esta ciudad, representados en los Simpecados de Huelva y Emigrantes.

La emoción se adueñó entonces de todos los rincones de la ciudad, que tenían como primer centro rociero a la parroquia de la Concepción, que albergó a todos los simpecados en su interior y en la que el tiempo se paralizó cuando la Matriz hacia su entrada. Después comenzaría un histórico rosario por las calles del centro con aires de romería. Bengalas, sevillanas y rezos en torno a los altares que las cofradías onubenses montaron para la ocasión. Y en la plaza del punto, llegaba la matriz al encuentro del monumento a la Virgen del Rocío, y se creaba así la foto para la historia.

El sábado, la Avenida Andalucía se vestía con aires del Real del Rocío en el lugar donde hace 25 años, un santo, el Papa Juan Pablo II, oficiaba una solemne eucaristía para el recuerdo de la historia de una ciudad, que revivió esa sensación en un solemne pontifical que estuvo a la altura de este magno encuentro. Los coros de Emigrantes y Huelva despertaron la emoción de los fieles y los cascabeleros de Alosno nos hicieron sentir como hace 25 años. Con esta emoción, comenzaba la solemne procesión magna con las carrozas y carretas, que esperaban a ambos lados de la avenida y en la que fueron subiendo los diferentes simpecados para conformar una larga comitiva rociera por las calles de la ciudad, que quedaron colapsadas por la fuerte afluencia de público. Los pueblos con sus hermandades, aromas de rocío e imágenes inéditas que repartieron la gracia de la Virgen del Rocío, por una Ciudad que no olvidará nunca el día en el que la devoción de la provincia se reflejaba en todos sus rincones.

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