Opinión

La vara de la sombra

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Aunque les parezca sorprendente, las ansias de poder en una hermandad ya no están en la vara dorada. Encabezar una candidatura, conformar la costosa lista de miembros de una junta de gobierno y ser hermano mayor ya no está de moda. Ahora el poder está en la sombra. Atrás quedaron los tiempos donde las candidaturas brotaban como churros en nuestras cofradías y las guerras fratricidas por ostentar un cargo que hoy se cotiza a la baja. Porque hay quien se ha dado cuenta de que en la retaguardia se está más cómodo. A la hora de afrontar unas elecciones no suelen dar la cara más que para elegir a dedo a quienes han de ostentar los diferentes cargos. Él si puede no va, y si ya no hay más remedio pues irá el último de la lista. ‘Vocal de cochescoba’. A la gente ya no se le puede hablar de hermano mayor. Ni mentar a la bicha. Para eso ya se reúnen los de la sombra con el gurú máximo que elegirá al más doméstico y dócil del círculo para ponerlo a los pies de los caballos y que sea él quien reciba las bofetadas, las representaciones, la búsqueda del dinero, las barras de chapa bajo eternas noches de farolillos, los desprecios en los cabildos, el tostón de atender a los medios de comunicación(ellos no van porque es tan importante su opinión que quieren mantenerla cobijada en sus entrañas, privándonos al resto de tan mágico secreto) y las banales reuniones del cabildo de oficiales (lo más que les van a dejar decidir es el precio de los lomitos en las Colombinas, y….). Porque este tipo de miembros de la cofradía serán los que decidan todo lo que de verdad hay que decidir en una cofradía. Para trabajar ya estará el pobrecito que se llevará hasta por la mañana montando en la iglesia o en la casa de hermandad siguiendo las directrices del ‘artista’ de turno.

Sin embargo, cuando aquello se va asentando, el sumiso hermano mayor (al que ellos han hecho ver que tiene que estar agradecido de por vida por elegirlo) empieza a ver que al final es verdad; que aunque él mantenga su plácida sonrisa y lealtad en los dictámenes que recibe, se da cuenta que es hermano mayor. Éste se va creciendo, de vez en cuando toma una decisión y los de la sombra se ponen nervioso. Los miembros de la junta de vez en cuando se miran y opinan. Hasta votan algo. Esto se torna gris para la sombra. Y así va evolucionando hasta que su más amado sirviente para la causa se sube a las barbas y decide gobernar. Inmediatamente comienza una caza y captura que terminará definitivamente por acabar con el sueño de aquel pobre hermano mayor que “cuando se iba a ver en otra”. En unos casos, aquel bonito paisaje termina con una junta gestora que arrebata las ganas a aquellos que todavía mantuvieran una mínima ilusión por ostentar de verdad y ejerciendo un cargo en una junta de gobierno, y en otras simplemente cambiando de peón.

Los de la sombra siempre terminan reconduciendo la situación. Volverán a buscar una junta de gobierno a imagen y semejanza de sus exigencias y la vida seguirá igual para ellos. Siempre habrá un hermano que asuma el timón de quienes deciden sin trabajar. Es la nueva forma de mandar. Ser hermano mayor sin vara repujada por los Hermanos Delgado.

¿De verdad se puede seguir animando a que haya hermanos que se presenten con las manos limpias a una junta donde quien no tiene más en su vida que la hermandad dispone y propone hasta el final de sus días? ¿Todavía nos sorprende que no haya 15 personas para conformar una lista? ¿Tan raro es que nos encontremos con gestoras ante la falta de candidatos? ¿Poner la cara para que te la partan y el que manda en casa? Demasiado sacrificio para tan poca conquista al final de la aventura. Por eso, cada día se hace más urgente el reconocimiento a aquellos ‘locos’ que todavía asumen como propia la gestión de una hermandad y deciden optar a formar parte de una junta de gobierno. Son unos héroes, sin duda. Coger la vara dorada y no la vara sombría es hoy una arriesgada decisión que te puede costar muy caro.

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