Opinión

Que el Señor no iba sólo

Jesús de las Penas

Jesús de las Penas¿Quién puede decir que el Señor de las Penas iba anoche sólo? No, no iba sólo.  

Quién conozca un poco la Hermandad de las Tres Caídas y si pudiera ver los ojos vidriosos de los que anoche llevaban al Señor, asomando tras una mascarilla quirúrgica, se darían cuenta que prendidos de sus medallas y en sus corazones iban todos los hermanos y hermanas de la hermandad, y toda la Huelva que quiere al Señor de las Tres Caídas. 

Jesús de las Penas nunca camina sólo, porque siempre necesita de alguien que lleve su Cruz con él, que le seque el sudor tras sus caídas, que le tienda una mano para levantarlo.  

En el corazón del Primo iban tantos hermanos y hermanas que han pasado ante los ojos del Señor durante casi cuarenta años de mayordomía. En la medalla de oro de Manolo todas las Juntas de Gobierno y Hermanos Mayores de más de setenta y cinco años. En los temblorosos labios de Fermín: su padre, y todos aquellos locos que fundaron esta bendita hermandad. El hombro de Nuria lo empujaban hacia arriba todos los jóvenes de esta hermandad, los que fueron y los que serán. Los pasos de Chema eran los de todos aquellos que lo quieren desde dentro, sin necesidad de medir cuánto. En el pensamiento de Esther todos y cada uno de aquellos que siempre están cuando se les necesita, y que anoche no pudieronEn la sangre de Paco hervían las de todas las madres que paren hijos de las Tres Caídas, las camaristas, acólitos y servidoresEn el pecho de Tello latían fuerte todos los corazones de los que ven en María el Amor. En las manos inquietas de David todos los nazarenos, penitentes y diputados, que son su verdadero cortejo durante todo el año en el alma. En el medio corazón, pero de enorme capacidad de Ignacio, su mayordomía que por responsabilidad supo quedarse en casa. Juanma empujaba en nombre de todos los vecinos de la Huerta Mena. Las piernas de Pablo las movían, los ciento veinte hombres que han sido, son y serán su verdadero motor. Las palabras de Antonio salían de las gargantas de sus capataces y auxiliares, de todos los que han sabido guiar al SeñorLos nervios de Ana eran los de los sanitarios que nos están sacando de esta detrás de una mampara, una mascarilla y unos guantes. En las canas de Paco estaban reflejados todos aquellos que se han desvivido por esta cofradía, por los donantes. El silencio de Toni, ese silencio… el que trona y retumba sin ruido. Y en el cordón de la medalla del Hermano Mayor el peso de la responsabilidad y el orgullo de ser, por la Gracia de Dios, de las Tres Caídas que todas las hermanas y hermanos tenemos. En los dorados reflejos de la medalla de Fabián el cariño de los onubenses, feligreses del Polvorín y cofrades que siente como suya nuestra casa. 

No era el día, ni siquiera la hora, ni el camino el que nadie jamás hubiera soñado para el que iba a ser un día glorioso; la vuelta del Señor a su barrio. Fueron las maneras y las condiciones impuestas por una maldita pandemia mundial.  

Pero… ¿quién puede decir que el Señor iba sólo? No, no se cabía en la calle. Los balcones rebosaban lágrimas y los padrenuestros brotaban sin saber por qué, Jesús nunca va sólo porque siempre lleva un Cirineo que lo levanta. 

Fotografía: Fabián Nuñez

Vídeo: Jesús Herves

Haz tu comentario

Responder

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


*

To Top