Opinión

¿Siempre igual?

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El Nazareno en la pasada Madrugá/ Clara Soto.

Llegará, tranquilos que llegará. Abriremos nuestras ventanas y la luz inconfundible de nuestra bóveda celeste nos volverá a parecer más maravillosa aún de lo que es, y es que hasta nuestro cielo y nuestra luz, de la que tanto podemos presumir, ese día estará más radiante que nunca, cómo sólo nuestro firmamento sabe. No quedarán más hojas en el calendario que quitar, lejos veremos ya en el recuerdo el Vía Crucis en la Plaza de San Pedro que nos marcaba el inicio de todo. Mientras tanto somos capaces hasta de emocionarnos al ver como colocan los hierros en la plaza de la Constitución o las maderas en las puertas delos templos, somos así.  Todos sabemos que a los cofrades nos gusta más una cuenta atrás que una taza de caldo.

Llegará, pero ¿Por qué tanta impaciencia? ¿Acaso no sabemos ya lo que vamos a vivir? Si es siempre lo mismo. Preguntas y argumentos que suelen plantear aquellos que están alejados de este mundo. Pues mire usted no. Cada mañana de Domingo de Ramos todo se renueva, todo vuelve  al principio. ¿Cómo puede ser eso? Pues porque estamos hablando de sentimientos, sensaciones, sentidos… No sólo hablamos de que no es igual por los cambios estéticos que pueda haber, como por ejemplo el nuevo paso y misterio de la Hermandad de la Victoria o el maravilloso manto bordado para Rocío y Esperanza, por citar algunos de  los más significativos, sino porque la Semana Santa es capaz de traspasar los propios  muros de la historia, pero escribiéndola de nuevo. A ver si me entienden, se trata de la mezcla explosiva de emociones que lleva consigo actualizar momentos de décadas y siglos de historia hasta nuestros días. Así como por ejemplo la Hermandad de Pasión es capaz de devolvernos los altillos, y hasta el antiguo barrio de San Sebastián al completo, y eso hace que cada Martes Santos sea especial, único e irrepetible.

Todos buscamos, por experiencia de otros años, esa revirá del palio de María Santísima del Amor en la Huerta Mena, pero nos encontramos en el mismo lugar con algo totalmente diferente a lo vivido otros años, no sentiremos el mismo escalofrío que el año anterior, nuestra mirada se fundirá en el rostro de la Virgen en un momento diferente y nos enamoraremos de diferente forma del característico movimiento de sus caireles. Lo mismo nos ocurrirá con la inmensa petalá de la Victoria en su recogida y no nos dejará indiferente por  muchas veces que la hayamos visto. El silencio al paso de Nuestro Padre Jesús del Calvario nos inspirará una oración nueva y los vecinos del Antiguo Brasil esperarán a la Esperanza como si fuera la primera vez que sus abuelos la recibían. ¡Qué decir de la mañana del Viernes Santo junto al Señor! igual de mágica que siempre pero a la vez diferente, distinta ¿a qué altura de la calle Marina se atreverá el sol a iluminar su rostro?

Y es que el secreto para vivir intensamente un rito que se repite cada año reside en que nunca es igual, aunque nos parezca imposible, siempre le queda a la tuerca una vuelta más por dar, que generará ese pellizco en nuestro corazón que guardaremos en nuestros interior porque nunca más se volverá a repetir, y lo iremos acumulando año tras año formando así la Semana Santa que todos llevamos dentro. Que nos digan a nosotros que la Semana Santa es igual todos los años, que nos acompañen a vivirla y le demostraremos que es siempre distinta.

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