Andévalo

Tradición, cultura y fervor centenario a San Benito Abad

La romería más antigua de la provincia de Huelva tuvo ayer su momento culme con la procesión del Santo alrededor de la ermita y el baile del poleo

La tradición centenaria y el fervor a San Benito volvieron a unirse en el primer fin de semana de mayo. En esta fecha, se celebra desde hace siglos la romería más antigua de la provincia de Huelva y la segunda de toda Andalucía, la de San Benito Abad, patrón de El Cerro del Ándevalo. Una fiesta cargada de tradición y ritos cuyas raíces se remontan a varios siglos atrás, que llenan de tradición y particularidades dignas de conocer, al menos, una vez en la vida.

dsc_0024

Procesión de San Benito en la mañana del domingo del primer fin de semana de mayo/ Manuel Soto.

El domingo, poco antes de las doce del mediodía, tuvo lugar la procesión del Santo alrededor de la Ermita. Las campanas del Santuario danzaban como preludio del espectáculo que luego ofrecerían el grupo de lanzaores, conformado por siete hombres ataviados con pantalón negro, camisa blanca, chaquetilla de flores y banda al pecho, suponiendo para ellos un auténtico privilegio el bailar la danza de su patrón.

La multitud se dirigía a la puerta principal para recibir con los brazos abiertos a San Benito mientras los vítores se mezclaban en el aire con el soniquete de la flauta y el tamboril, con el chasquido metálico de las varas de los lanzaores. El Patrón de El Cerro emprendía la marcha bajo una intensa salve de cohetes y daba una vuelta completa al templo con el olor a pólvora y a romero en el real.

dsc_0042

El Santo bendice los prados de San Benito instantes antes de culminar la procesión/ Manuel Soto.

Los lanzaores, iniciaban su danza típica (siempre de cara al Santo) y sólo perdiéndole el rostro a la hora pasar por debajo de las andas, portado por los cerreños que llevan esa labor como promesa.

San Benito culminaba una breve pero intensa procesión (de unos 15 minutos), asomándose al paisaje típico del Andévalo desde el mirador de su Ermita.

El baile del poleo, la folía y el fandango bailao

Tras la eucaristía, tuvo lugar uno de los momentos preferidos por los cerreños: El baile del poleo, un conjunto de tres danzas, dos de ellos de probable origen medieval, la danza y la folía y el tercero, el fandango de El Cerro, del siglo pasado bailado en honor de San Benito Abad. El origen de este nombre pudiera ser porque en el lugar donde se bailaba (esquina suroriental de la explanada de la ermita) abundaba esta planta olorosa.

dsc_0150

Jamugueras y lanzaores en el baile del poleo/ Manuel Soto.

Varios cientos de romeros y turistas se agolpaban en la explanada en un corro delimitado por cuerdas, donde la Mayordomía, junta directiva de la Hermandad de San Benito Abad y bailarines tomaban posiciones para mostrarle al mundo la belleza de una tradición centenaria.

De nuevo el tamboril y la flauta sonaban para marcar el ritmo a los siete lanzaores, que en dos hileras de tres unidos por sus lanzas de hierro comenzaban a entremezclarse constantemente entre vivas y aplausos de fervor. Llegó el turno de las jamugueras. Las siete mujeres danzaron la folía luciendo su llamativa indumentaria, de la que destacaban, sobre todo, las innumerables joyas de oro en el pecho y los altos sombreros multicolor. Ellas dejaron paso a los silletines, dos niñas que también ejecutaron la folía con mucho arte.

dsc_0204

Silletines en el baile mixto/ Manuel Soto.

El momento más hermoso llegó con los bailes mixtos: Jamugueras y lanzaores, ellas con cabeza erguida, los brazos extendidos hacia arriba y ejecutando pasos cortos, ellos, levantando los pies del suelo rítmicamente. Luego llegó el fandango de El Cerro, el preferido por los asistentes, acompañado por los compases de palmas de los cerreños.

Haz tu comentario

Responder

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


*

To Top